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la molineta

Está llegando...

Está llegando...

Tus noches ya nunca serán iguales... el crujir de una puerta, un líquido viscoso que gotea sobre la moqueta... sombras que lloran en la oscuridad... Ya está en marcha: la Molineta Terrorífica.

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Cinco Editoriales que recomendar estas navidades

Cinco Editoriales que recomendar estas navidades

Hoy voy a ejercer de librero y os voy a dar una ristra de nombres chulos.
Que publicar está jodido ya lo sabemos todos. Que en el negocio editorial sólo hay malvados mercachifles que buscan el dinero en vez del arte, es teoría conspirativa propia de frustrados.
Sí que es verdad que la tendencia a los grupos gigantescos (Grupo Planeta, Random House, o la siempre divertida Ediciones B - Grupo Z) inunda el mercado de best-sellers absurdos. Pero también es cierto que frente a ellos luchan algunas editoriales independientes, de mayor o menor potencial económico, que nos pueden descubrir Literatura, con mayúsculas. Aquí os pongo cinco de las editoriales más interesantes, a mi parecer, cuyos logos podríamos buscar estas Navidades a la hora de regalar algún libro o cuyas novelas podríamos poner en la carta a los Reyes.
Conste en acta que soy más amigo de autores concretos que de editoriales en general. Pero conste también que hay sellos que me han decepcionado rara vez, sellos cuyos libros da gusto poner en mesa en pilas de cinco, aunque se muevan menos que un Plaza Janés o un Planeta.

  • ACANTILADO: Ésta es una perlita. El editor de la catalana Quaderns Crema la lanzó en 1999 y desde entonces, si algún adjetivo hay que ponerle, yo le daría el de exquisita. Libros de pequeño volumen, con una encuadernación preciosa y muy cuidada, han traducido además un extenso catálogo de autores del centro-este de Europa (polacos sobretodo) y rusos. Títulos recomendados: Los Espectros // Relatos (completos, de Rudyard Kipling) // Los ojos del hermano eterno (de Stephan Zweig. Este os lo recomiendo a todos los molinetos, y en concreto a Julia, no sólo por los dos magníficos relatos sino por la introducción que hace el propio autor, creo que os parecería interesante como escritores).
  • ANAGRAMA: Mi editorial por antonomasia. Aunque el Herralde sea un poco capullo, editan lo que en muchos otros sellos no se atreven. Y no me vale eso de que la "literatura underground" ya no existe porque no hay represión ni censura: cuando te has encontrado frases como "un policía blanco y un policía no-blanco" en algunas sinopsis inolvidables, sabes que existe más censura, vestida de corrección política, que nunca. Lo bueno de Anagrama es que ni si quiera han caído en lo fácil, que era erigirse en adalid de las letras malsonantes o las ideas cruelmente expresadas: puedes encontrar a Bukowski, a Hunter Thompson, a Burroughs o a Fante (ya están sus obras completas, al fin, creo que Pregúntale al Polvo le gustaría a Pablo) o incluso a Cooper (lo más abyecto y repugnante impreso jamás), pero también encuentras escritos elegantísimos como Posesión, de A.S. Byatt, epopeyas como Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño o una novela impresionante, impublicable por longitud y estilo (aires a Mil y una Noches o al Decamerón) como esa del catalán Miquel de Palol llamada El Jardín de los Siete Crepúsculos. Eso no vende. Pero da gusto leerlo. Además, con lo cuentistas que somos aquí, tenemos que amar a una editorial que consigue vender mucho relato breve: Carver, Monzó, Barnes... todos ellos con la A en el lomo. Títulos recomendados recién editados: El vampiro de Ropraz // Brooklyn Follies (en bolsillo) // El café de la juventud perdida.
  • TUSQUETS: Más irregular que Anagrama. No sabría decir qué línea llevan, si es que llevan alguna. Pero si aún no has leído nada de Banana Yoshimoto o Haruki Murakami este puede ser un buen momento. Además, pese a que no suelen lanzarse con el relato breve, a veces sorprenden con cositas como "Todos los cuentos" de Cristina Fernández Cubas. Títulos recomendados recién editados: After Dark.
  • IMPEDIMENTA: Otra perlita. Su catálogo no es extenso, pero hace algunos de los libros más cuidados que hay actualmente en el mercado. Recientemente uno de sus libros, Botchan, se ha llevado el Premi Llibreter (otorgado por libreros de Cataluña en vez de por editoriales... lo cual da cierto gusto) y tienen una pinta estupenda dos novelas del polaco Stanislaw Lem: El Hospital de la Transfiguración y Vacío Perfecto.
  • BYBLOS: Sí. Byblos. Y no me he vuelto loco. Este sello de bolsillo de Ediciones B es lo último bueno que queda de esa panda de locos. Son pequeños, cargados y la mitad de sus portadas son infames, pero puedes encontrar muy buenas novelas de género (especialmente intriga y, sobretodo, ciencia ficción) que te tendrán enganchado durante días por sólo seis euros cada una. Actualmente es el sello de bolsillo más barato del mercado, y si la recomiendo es porque, precisamente, me da miedo que desaparezca dentro de poco. Porque así es como funciona Ediciones B: cagándola. Recomendados: Relatos completos de Isaac Asimov, Lo mejor de los premios Nébula, compilado por Ben Bova, y El Libro del Día del Juicio Final, de Connie Willis.

Y hasta aquí hemos llegado. Que paséis unas buenas fiestas, que leáis mucho, no le peguéis al cava más de la cuenta, y... a cuidarse, amigos!

Entrevista a Santa Cruz García Piqueras

Entrevista a Santa Cruz García Piqueras

 

Miré a mi alrededor con el corazón inquieto. El campo cercano estaba desierto, ni un alma paseaba que diría Santa, pero el temor a ser descubierta me obligó a escrutar el paisaje una vez más antes de decidirme a salir del agua. Atardecía y las hojas pardas de los árboles cercanos brillaban con reflejos áureos de otoño tardío. Recostada en la base de un árbol centenario, dejé que mis piernas de plata refulgiesen en ese juego de resplandores crepusculares.

Me sonreí pensando como veneraba Santa Cruz ese tipo de descripciones barrocas y sensibles. Esa era, sin duda, la característica más atrayente y desconcertante de su narrativa.

Mientras lo esperaba, y sólo para entretenerme, repasé una vez más los datos biográficos y literarios de su vida que habrían de servirme de presentación en esta peculiar entrevista:

Santa Cruz García Piqueras, que nació en Molina de Segura en 1950 y ha vivido (como a él le gusta explicar poéticamente) a caballo entre los siglos XX y XXI, es ingeniero técnico químico de profesión, y artista sensible de vocación. Escribe desde muy joven, tanto novela, como cuento y texto dramático. Su currículo es tan extenso como intensa es su vida y se hace difícil resumirlo en un espacio tan pequeño. Por aquello de no restar valor a lo que para algunos resulta tan importante, recitaré de corrido y sin pararme sus méritos, que siendo muchos y grandes, no llegan ni a la suela del zapato al reconocimiento del gran talento de este hombre de mirada acogedora.

Concurso de redacción patrocinado por Coca Cola (1960). Premio del concurso de relatos “Acequia Subirana”(1984). Accésit del Premio Jara Carrillo de poesía (1985). Segundo premio en el Concurso de Relato Corto de S. Pedro del Pinatar (1986). En 1990 la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma le concede una Beca de Creación Literaria para escribir una novela de temática murciana. “El Ángel de Salzillo”, se titula. Continúa inédita.

Desde 1996, como director del grupo de teatro “Epidauro Teatro”, escribe obras como: “Historia de Navidad” (1996); adaptación de “Historia que no acaba”, sobre un texto corto de Max Aub (1997); “Las palabras en la arena”, basado en otro de Buero Vallejo; “Sobre pobres y ricos” (1999); “Dos me como” (2000), “Judit y la guerra” (2002), “La razón de lo oscuro”, “La luna se ha puesto”, basado en una novela de Jhon Steinbeck, etc.

Además, pertenece a la Coral Polifónica Municipal Hims Mola, de Molina de Segura, en cuya revista ha publicado artículos de contenido musical y algún relato. Han aparecido cuentos suyos en dos antologías publicadas por Editorial Jamais, “100 relatos originales” y “100 cuentos geniales. Y en Lunas de Papel, se ha publicado un texto teatral, estrenado en 2006 por el Grupo Avesco.

Es miembro fundador de La Molineta Literaria, y participa en todos los proyectos literarios que esta activa asociación plantea: revista del mismo título, la antología “Cuentos de La Molineta”, “Dibújame un cuento” y “Cuentos en 10 minutos”, publicados por el Ayuntamiento de Molina. Suele encargarse también de la corrección de textos para el cuadernillo cuatrimestral de esta asociación.

Santa Cruz apareció al fin por el camino, y yo le sonreí, exhausta por el esfuerzo de recitar de memoria tanto mérito. Llegó hasta mí y me saludo con un cálido abrazo, de esos que sólo saben dar los hombres de enorme corazón.

—Te esperaba desde hace tiempo, temía que ahora que te requieren tanto por tus dos últimos libros estuvieras demasiado ocupado para venir.

—Nunca faltaría a una cita con mi sirena favorita —contestó complaciente— . Los libros sólo son libros, las personas y tú siempre sois más importantes.

Ya es tiempo de explicar que Santa siempre me ha tratado con un cariño inmerecido, de ahí que todo lo escrito (y descrito) aquí destile la empalagosa dulzura de la devoción que le profeso.

—No seas modesto, Santa, publicar dos libros en un año es digno de admiración, y más siendo libros de cuentos, un género tan elitista y minoritario.

— “Las Voces de Setenil” y “El Libro de los Tiempos” son dos libros muy diferentes en realidad, aunque tú los englobes en un mismo género literario.

—Yo no englobo nada —dije arrugando la nariz.

De sobra sabía yo que tratar de unificar las mil caras de ese hombre neorrenacentista era una necedad.

—Tan cómodo me siento en el terreno de la narrativa como en el de la dramaturgia, mi sirena —me explicó condescendiente—. Tanto disfruto escribiendo un cuento como una novela o un texto dramático. Son experiencias distintas, pero igual de lúdicas. En cierto modo, se complementan entre sí. Lo importante es crear, transmitir ideas, divertirme y hacer que los demás se diviertan, que piensen o lograr simplemente que se entretengan.

Moví la cola distraída, Santa Cruz siempre contagia su ilusión a aquel con el que habla. Una siente de pronto unas ganas tremendas de escribir, de interpretar o (como es mi caso siendo sirena) de cantar en una coral (o entre el coral).

—Cada uno de estos campos tiene su propia magia —continuó presa de su propio optimismo—. Es una gozada contemplar cómo seiscientas personas ríen con la representación de una farsa escrita por ti, pero también emociona ver cómo se dejan atrapar en una obra seria, un drama. Anima que alguien te pare por la calle y diga que ha disfrutado mucho leyendo un cuento tuyo o presenciando una representación que has dirigido, basada además en el texto que has creado.

Lo miré emocionada y recogí la cola entre mis brazos. Su modestia era sincera, una característica más que lo diferenciaba de tanto literato prepotente y lejano. Me sentí muy orgullosa de contarme entre sus amigos.

—Nunca agradeceré bastante el haberte conocido a través de la Molineta Literaria, mi querido Santa. Eras el presidente electo cuando entré en la Asociación. ¿Recuerdas?

—La Molineta se había convertido en una mezcolanza de gente muy dispar (desde autores más o menos consagrados, con obra editada, a otros totalmente inéditos o que estaban iniciándose en las letras), que acudía a las reuniones movida por intereses muy distintos. Unos venían porque realmente se lo pasaban bien y aprendían, porque aquellas reuniones servían de acicate y estímulo para seguir adelante, madurando, creciendo como escritores; otros porque el grupo cultural era una magnífica plataforma para asegurarse la publicación de sus trabajos en la revista; hasta hubo quien lo entendió como un negocio para la propia autopromoción, algo que no era compartido por el resto. Además, y como suele suceder en todo grupo que se precie, había también quien estaba en desacuerdo siempre con las líneas generales de actuación marcadas, creando interminables polémicas que a nada positivo conducían.

Un brillo triste le asomó a la mirada. Él, como yo, siente un gran apego por esta asociación y vive sus luchas como propias. Traté de animarle con mis habituales modos de sirena pizpireta, dándole empujoncitos cariñosos de atención.

—Vamos, Santa, aquello ya pasó. Ahora La Molineta Literaria es un grupo unido y fuerte.

Tienes razón —volvió a sonreír—. Hasta ahora no me había planteado seriamente el publicar. De modo oficial, me refiero. Estaba muy a gusto con mi teatro y mis colaboraciones con La Molineta o con las otras revistas. Pero casi por casualidad  (empujado por los amigos, más bien, que me han obligado a dar los pasos pertinentes, y beneficiándome del pequeño boom literario generado en torno a La Molineta Literaria), me he encontrado de pronto con dos libros publicados.

—¿Sabes, mi querido Santa Cruz? —dije con un coqueto meneo de melena— Hablas demasiado. Se me está secando la cola. Cuéntame qué te impulsa a escribir, y se conciso por favor, o pronto me convertiré en un bonito curado a la sal.

Santa rió con la comparación y me contó (mientras trataba de salpicarme las escamas con un hilillo de agua que surtía cerca de nuestro árbol) sus inquietudes.

—Escribo porque me gusta; porque me lo paso bien; porque es una auténtica necesidad para mí; porque se ha convertido en hábito y no sabría vivir sin ello; por compartir con los demás mis fantasías; porque soy un lector empedernido y, a veces, no encuentro el libro que me gustaría leer y pienso que quizá se esconda en la tinta de mi bolígrafo o en el ratón de mi ordenador... ¿Son razones suficientes, sirena impaciente?

Y diciendo esto, me lanzó todo el agua contenida en el hueco de sus palmas a la cara. Rompí a reír y le sacudí un empujón con mi enorme cola.

—¡Ah, espera! —dije de pronto—. Antes de irme debes decirme cuales son tus lecturas y tus influencias. Ya sabes que ésta es la pregunta por antonomasia…

—Leo de todo, y mucho; desde novela clásica a simples best seller, pasando por libros de poesía o textos teatrales. Normalmente voy siempre a tiro fijo, sobre seguro, porque antes me dejo aconsejar por amigos o familiares. No suelo perder tiempo intentando leer cosas calificadas de sublimes por la crítica pero que resultan aburridas e insoportables.

Me sonreí malévola pensando que dirían sus propios críticos de esto.

—Entre lo último leído, me ha gustado de forma especial: La nieta del señor Linh, de Philippe Claudel, El sol de los Scorta, de Laurent Gaudé y Brooklyn Follies, de Paul Auster. Todos ellos recomendados por mi buen amigo Alberto Zancajo, que encima, me los presta gustosamente.

Anochecía, y hube de despedirme. Nos dimos un nuevo abrazo, que yo acompañé de un beso en la mejilla, antes de zambullirme en la fuente de Setenil, feliz de seguir compartiendo nuestro secreto.

Porque la verdad es que nadie sabe (salvo yo, la esposa que él ama sobre todas las cosas y ahora ustedes) que Santa Cruz García Piqueras es en realidad un niño chico que gusta de jugar a escondidas con sirenas inventadas.

Todos los datos biográficos referidos a Santa Cruz García Piqueras son reales y cuentan con su autorización para constar en esta publicación.

Julia R. Robles

 

 

Taller de guión cinematográfico

 

 

La asociación cultural La Molineta Literaria convoca un Taller de Guión Cinematográfico. El curso, que será impartido por Ignacio Flórez de Losada, tendrá carácter gratuito y será financiado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura.

Las clases tendrán lugar en el centro municipal Las Balsas durante los día 4, 11 y 18 de noviembre, en horario de 7,30 a 10,00 de la tarde. Durante el taller se incidirá en las peculiaridades del formato cinematográfico, la estructura del guión y las diferentes formas de encajar una historia dentro de la limitada dimensión de una película.

Para mayor información e inscripción podrán dirigirse al teléfono 968-610377.

 

Continuidad de los parques

Continuidad de los parques

Curiosamente en el encuentro del pasado día 4 de Octubre, este cuento salió a mención con cierta frecuencia. Y, no menos curioso, es que cuando a la mañana siguiente me puse a repasar correos, lo encontré en uno de ellos. Para los que, como yo, no lo hubieran leído, aquí lo dejo ahora.

Un saludo.

Pablo.

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

 

                                                            Julio Cortázar   (De “Final del Juego”, 1956)



 

CUENTO POPULAR CHINO (o el atraco a vuela pluma de Pepe Ríos en 6 min.)

CUENTO POPULAR CHINO (o el atraco a vuela pluma de Pepe Ríos en 6 min.)

Entre sus muchas virtudes, Chuang Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo. El rey le pidió que dibujara un cangrejo. Chuang Tzu respondió que necesitaba cinco años y una casa con doce servidores. Pasaron cinco años y el dibujo aún no estaba empezado. “Necesito otros cinco años”, dijo Chuang Tzu. El rey se los concedió. Transcurridos los diez años, Chuang Tzu tomó el pincel y en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto.

Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio.

Chatng Zon  hizo construir a los servidores un estanque para la cría de cangrejos. Durante varios meses se dedicó al cuidado y a la cría de los animales.

Un día, al levantarse, miró en el estanque y observó una nueva cría; era excepcional, tenía una mezcla de varios colores, había heredado la genética de la mayoría de los especimenes del estanque.

Chatng Zon hizo construir una pecera de cristal, enmarcada con unas maderas de ébano, de remotos bosques y parajes de la India.

A los cinco años se produjo la esperada visita del Emperador. El pintor le mostró muy orgulloso el cuadro realista.

El emperador, muy enojado, expresó que eso no se parecía en nada a un cangrejo.

A los cinco días, la cabeza del pintor rodó escaleras abajo del cadalso.

Pepe Ríos

 

CUENTO V (o el atraco a vuela pluma de Paco López en 6 min.)

CUENTO V (o el atraco a vuela pluma de Paco López en 6 min.)

Un día después de recibir la orden, Chuang Tzu hizo partir a siete de sus sirvientes hacia cada uno de los mares conocidos: Debían traer un cangrejo cada uno.

Pasados cinco años, sólo seis de ellos habían cumplido el encargo. El criado enviado al Mar Mediterráneo no había regresado.

Chuang Tzu convenció al emperador de que era necesario prorrogar cinco años más el plazo, pues la pieza que debía de servir de modelo aún no había sido capturada. Concedida la petición, el propio pintor partió con los cinco sirvientes restantes hasta Asia Menor y, una vez allí, embarcaron hacia la isla de Ibiza.

Allí encontraron petrificado en una piedra un fósil de cangrejo cuyas líneas eran perfectas.

Sólo tardó cinco segundos en copiarlo.

Paco López

CUENTO IV (o el atraco a vuela pluma de Manuel Moyano en 6 min.)

CUENTO IV (o el atraco a vuela pluma de Manuel Moyano en 6 min.)

El Rey pidió a Chuang Tzu que dibujara un cangrejo. Chuang Tzu repuso que, para llevar a cabo tal cometido, necesitaba una casa y doce servidores que atendieran todas sus necesidades. El Rey le concedió esos deseos.

Durante cinco años, Chuang Tzu dedicó doce horas diarias a dibujar, seis a la meditación y seis al sueño. Gastó cien mil resmas de papel de arroz en sus borradores, que daba de comer a las cabras una vez desechadas.

Pasados cinco años, el Rey visitó a Chuang Tzu y le preguntó si había satisfecho su petición. Chuang Tzu respondió que no, pero el Rey examinó algunos de sus últimos bocetos, ya terminados, y le dijo que cualquiera de esos dibujos le parecía una magnífica representación de un cangrejo. Chuang Tzu, con lágrimas en los ojos, repuso que el dibujo no sería un verdadero cangrejo mientras éste no saliera de la página y comenzara a andar.

Los juglares dicen que Chuang Tzu enloqueció, y que nunca morirá mientras no dibuje el cangrejo perfecto.

M. Moyano

CHUANG TZU Y EL CANGREJO (o el atraco a vuela pluma de Santa Cruz en 6 min.)

CHUANG TZU Y EL CANGREJO (o el atraco a vuela pluma de Santa Cruz en 6 min.)

Cuando Chuang Tzu escuchó la petición del emperador pensó: “no es justo. ¿Un cangrejo? El proyecto es demasiado complicado” y, durante un par de minutos, anduvo barajando posibilidades. Al fin dijo que necesitaba un plazo de cinco años y una casa con doce servidores. El emperador accedió.

Durante todo este tiempo estuvo reuniendo información acerca de las especies conocidas de cangrejo. Los había marinas, fluviales, terrestres, arborícolas; con pinzas de diferente color, de tamaños muy distintos…

Cuando cumplió el plazo, desolado, se vio en la obligación de solicitar una nueva prórroga, que le fue concedida también.

Esta vez hizo traer a casa una muestra de cada variedad estudiada y profundizó en las particularidades propias de las mismas. Ni una sola vez tomó el pincel para trazar un apunte del natural.

Cuando por segunda vez acudió ante el emperador, tras una leve inclinación de cabeza, solicitó papel suficiente, una buena cantidad de tinta y varios pinceles y, ante los asombrados ojos del emperador pintó, una a una, las mil y una variedades de cangrejos que tan bien había llegado a estudiar.

- Pero, yo sólo pedí que pintaras un cangrejo – protestó el emperador.

- Sí, mi señor. Pero no especificasteis cuál y no quería defraudaros. La próxima vez, sed más concreto, por favor.

El emperador aprendió la lección y se juró no repetir nunca el mismo error.

Santa Cruz García

CUENTO III (o el atraco a vuela pluma de Tautina en 6 min.)

CUENTO III (o el atraco a vuela pluma de Tautina en 6 min.)

 

Tisu miró el pergamino. La última gota aún resbalaba de su junco y la obra ya estaba completa. La observó, un exacto trazo negro silueteaba la figura de un crustáceo, perfecto, concreto y simple cangrejo.

Tisú se sintió intranquilo, diez años y una vida de comodidades a cambio de un trazo, una obra perfecta, la síntesis del minimalismo puesta al servicio del admirador.

Si se asustó o se sintió intranquilo en este tiempo, largo tiempo de bienestar, no podía expresarlo ahora. Su mecenas escrutaría la obra y el sabía, debía creer y demostrar, que la síntesis de todo el concepto estaba ahí, en ese trazo sinuoso y casual que perfilaba el crustáceo solicitado.

El monarca llegó, miró el pergamino y posó sus ojos dignos en el pintor.

Tisú alzó el mentón. Su obra era perfecta. Un cangrejo precioso y conciso, lo que el rey le había pedido. El orgullo le nació del rostro y se derramó por la sala, afectando a cortesanos y sirvientes. Sostuvo la mirada del rey con todo el valor de su talento.

- ¿Qué es esto? – preguntó el monarca con rostro impasible.

- Un cangrejo majestad, tal como pedisteis – respondió Tisú pleno de confianza -. ¿Os sorprende acaso que un solo trazo al aire pueda representar la esencia del cangrejo?

- No – contestó el monarca -. Me asombra que hayas tardado diez años en dibujar una langosta.

Julia R. Robles

 

CUENTO II (o el atraco a vuela pluma de C.M. en 6 min.)

CUENTO II (o el atraco a vuela pluma de C.M. en 6 min.)

Chuang Tzu pensó durante largo rato qué sería aquello que el rey le demandaba en forma de dibujo. Pasado un año todavía seguía corriendo a través de bosques  y planicies. Chuang Tzu nunca había visto un cangrejo.

Cansado de recorrer caminos, una mañana, pasados dos años de la petición real, se sentó junto a un río. De sus aguas, como por encanto, emergió una figura femenina que le sonreía con aspecto pícaro.

- Chuang Tzu -le dijo-, tengo algo que buscas sin descanso.

Y extendiéndole la mano, hizo saltar un pequeño cangrejo amarillo, que fue a posarse en la cabeza de Chuang Tzu.

- Éste es el pequeño tesoro que buscabas con tanto interés.

Pasados los cinco años acordados, el rey contemplaba extasiado en un espejo colocado ante sí, en el gran salón, el reflejo del pequeño cangrejo amarillo que Chuang Tzu nunca quiso dibujar.

C.M.

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EL CUADRO DE CHUANG TZU (o el atraco a vuela pluma de Juande en 6 min.)

EL CUADRO DE CHUANG TZU (o el atraco a vuela pluma de Juande en 6 min.)

Los suaves hilillos que componen el pincel de bambú se deslizan sobre el fino papel de arroz que, descansando sobre el colorido tapiz, lleva esperando tanto tiempo.

Tranquila, sentada sobre sus talones, Tai ne, la hija de Chuang Tzu, uno de los pintores del palacio del emperador, escucha paciente el deslizar de la tienta sobre el blanco lienzo. Adivina, entre el negro contraste, las consistentes líneas que simbolizan un cangrejo.

- Padre ¿Por qué pintas hoy el cuadro que pidió el emperador?

- Es sencillo, porque cuando el emperador me lo encargó tan solo acababas de llegar al mundo.

Juande

CUENTO I (o el atraco a vuela pluma de Pablo en 6 min.)

CUENTO I (o el atraco a vuela pluma de Pablo en 6 min.)

 

Chuang Tzu supo nada más entrar a la casa, que los ojos rasgados de aquella sirvienta conseguirían que el encargo del rey no quedara terminado antes del plazo establecido. Durante cinco años, la contemplación de aquella mirada disipó todas las probables ideas que pudiera imaginar acerca del cangrejo perfecto.

Trascurrido el lustro, el dibujante pudo obtener una prórroga con la promesa del dibujo más sublime que jamás hubieran contemplado los ojos del rey; aun sabiendo que cinco años más no eran nada para contemplar la piel blanca de Li-Feng.

Se acercaba el fin de la prórroga y a Chuang Tzu, lo único que le preocupaba era la cada vez más delicada salud de Li-Feng.

Justo el día que vencía el plazo, Li-Feng murió. El rey encontró al dibujante en el funeral y, frente al lecho donde ella yacía, le recordó el encargo. Entonces, Chuang Tzu pensó en los ojos de Li-Feng y, de un solo trazo, dibujó el cangrejo más perfecto que jamás nadie había visto.

Pablo

 

Taller Intensivo el 4 de Octubre

Taller Intensivo el 4 de Octubre

 La Molineta Literaria, con la colaboración del Ayuntamiento de Molina de Segura, convoca un taller intensivo impartido por el prestigioso escritor Andrés Neuman

 El Taller tendrá lugar el día 4 de Octubre en Molina de Segura,  de 10 a 19.30.

El programa será el siguiente:

10.00-12.00 horas: introducción teórica

(Descanso)

12.30-14.30 horas: ejercicios prácticos

(Pausa para comer)

17.30-19.00 horas: tertulia abierta con el autor

 

Inscripciones (15 € comida incluida) en el teléfono: 968 61 03 77 (Paco López)

 

 

"Al libro le sienta bien la crisis", o por qué un autor novel no debería rendirse

 

Hola amigos. ¿Estáis empobrecidos? Yo también. La crisis económica nos toca los cojones sobremanera, da igual cuánto dinero metas que al final siempre vas de culo. Es el tema de moda, más que los apaños de la inauguración de los JJOO de Pekín. ¿Cómo afecta esta crisis al mundo del libro?

Pues parece que poco.

Es verdad que una cosa son las editoriales y otra las librerías. Sí, ser librero es un negocio paupérrimo, pero también puedo decir que en mi librería, mientras la venta de material de oficina y escolar, y de juguetes, hace aguas por todos lados, las secciones de ficción y no ficción aguantan el tirón. Renqueantes, ok, pero lo aguantan.

Respecto a las editoriales, os remito a un interesante artículo publicado en El País el 24 de Mayo de este año, firmado por Jesús Ruíz Mantilla. Titulado “Al libro le sienta bien la crisis”, el autor hace repaso al negocio editorial en el primer cuatrimestre del año. Como no es plan andar citando (buscad y leed, para eso está San Google) os hago un croquis con los puntos que más me han llamado la atención:

1) Hay crisis (toma ya).

2) Pero las editoriales están por encima de sus presupuestos.

3) Ha subido el índice español de lectura hasta un 57% (un 60% en las mujeres).

4) En España se publican alrededor de 70.000 libros al año.

¿Será por las agresivas estrategias de marketing? ¿Será que la gente se vuelve más culta por momentos? Nadie lo diría viendo la parrilla televisiva, pero oye, todo puede ser. ¿No será que este año ha habido una colección enloquecida de best-sellers? Pensad que 2008 es el año de Un Mundo Sin Fin, El Juego del Ángel, Harry Potter 7 y El Niño del Pijama de Rayas. Ahora los marineros tienen un amor en cada puerto y un Zafón en cada mesilla. Pero editoras como Sigrid Kraus (de Salamandra) flipan viendo los números de su editorial sin contar ni con el Niño del Pijama ni con Harry Potter. Vamos, que la cosa no va sólo de best-sellers.

De todo este rollo, a mí lo que me ha marcado ha sido lo de los 70.000 libros publicados al año. ¡Eh! ¡70.000! Se dice pronto. Y pienso que esa es una noticia que a todos los que nos dedicamos, además de a leer, a escribir, debería alegrarnos.

Y es que se puede publicar. En serio. No me meteré en el tema de la autoedición (la cual aborrezco) porque lo haré en la siguiente entrada de este blog. Asi que primero hablemos de editoriales.

Hay muchísimas. Y como los grupos fuertes son cada vez más fuertes, brotan de sus costados editores requemados que montan otras minoritarias. Y por minoritarias no quiero decir “menores”. Me refiero a lugares donde se atreven a publicar algo bueno pero no tan descaradamente comercial. O lugares donde lanzan algo que casi ha pasado el filtro de una “grande” pero al final no se publicó por mera saturación de títulos editados al año. O, quizá, editoriales donde puedes publicar la más absoluta basura (antes de que quiebren), como ha hecho El Andén. Que sí, tiene alguna cosa de Vázquez-Figueroa… pero también ha publicado engendros como El Asesino del Bien, tremenda novela policíaca basada en un pirado cuyos asesinatos tienen relación con el régimen homeopático que siguen las víctimas. Suena a coña, igual que su portada. Pero no lo es:

Y además… ¿por qué rechazamos tan directamente a las grandes? Sí, es dificilísimo, pero a mi librería llegan cada dos por tres novedades de autores nacionales que son primeras novelas. ¿Tendrán algún contacto? Quizá sí. O quizá no. Y la verdad es que alguno de estos libros es realmente sorprendente, atrevido, y a veces “poco comercial”.

En segundo lugar, hablemos de libros. ¡Hay cada pedazo de mierda por ahí! ¿En serio somos incapaces de escribir algo como 616 Todo es Infierno?

El nunca suficientemente valorado Stephen King dice, más o menos, que “para un escritor en ciernes, leer una buena novela es un placer y un reto, pero leer una mala debería ser un estímulo. Si él ha podido, ¿por qué tú no?”. Pues tiene más razón que un santo. Quizá querer ser el nuevo García Márquez no es el camino. A lo mejor no eres tan bueno, sólo aceptable. Puede que mejores, o puede que no. Asúmelo y no fuerces la escritura pretendiendo ser Unamuno. No hay nada más patético que un tío intentando hacer break-dance sin saber. Pues lo mismo pasa con la literatura.

Cuando trabajas en una librería pasan por tus manos todo tipo de libros, y te das cuenta de que se ha publicado ya de todo. Los argumentos más inverosímiles han encontrado cabida en alguna editorial. Las ideas más absurdas se han plasmado en novelas. Ellos, esos jetas alegres, esos maravillosos malos escritores, que van por el mundo de las letras con sus cachazas y sus andares torpones y una eterna sonrisa orgullosa, perpetrando grandes frases como “había recibido un disparo en el corazón; en el pecho, un poco a la izquierda”, ellos, decía, lo han logrado.

¿Por qué tú no, si eres mejor?

Y la mejor parte.

¿Por qué tú no, si eres igual de malo?

Aquí hay sitio para todos. Creo que lo que más me aporta mi trabajo de librero, cuando me miro como escritor, es esperanza e ilusión. Sigue escribiendo. Sigue mejorando. Sigue intentándolo. No sería tan, tan, tan raro que al final consiguieras entrar en el Olimpo.

Aunque sea por la cocina.

Entre los estantes de junio

Entre los estantes de junio

 

Hola amigos. Llega el veranito y con él las campañas de bolsillo de los grupos editoriales fuertes. Hay crisis económica, todo el mundo está jodido, y necesitamos evadirnos con historias interesantes. Pero por desgracia, los títulos sacados al mercado en estas campañas “a cinco euros” son un asco. Hasta El Perfume, o La Tapadera (que tienen más años que Matusalén) han encontrado un huequito en estos lanzamientos. Así que en vez de daros un listado de libros interesantes (acercaos a una librería y preguntarle al librero cuando más trabajo tenga… estoy seguro que os atenderá encantados con ese buen hacer que nos caracteriza) querría comentar algunos aspectos curiosos que se están viendo este año en el mundo del libro de bolsillo.

Para empezar, el todopoderoso grupo Random House Mondadori, con su sello DeBolsillo, ha conseguido darle la tortilla al propio significado primigenio del nombre. Por libro de bolsillo entendemos algo “barato, portátil y que antes era demasiado caro y gordo como pa comprármelo”. Bueno, estos piezas empezaron tiempo atrás con su colección “Inédito”, que como ya comenté en una entrada anterior, se nutre de obras no publicadas anteriormente en nuestro idioma. La idea estaba bien… ¡tan bien, que ahora editan en formato grande los bolsillos que mejor les han funcionado! Aunque no fue el best-seller puntero de este Abril, seguro que Peter Harris y su “Círculo Octogonus” se sacó unos buenos números. Yo la verdad es que me sorprendí cuando lo vi. “Coño, pero ¿esto no estaba en bolsillo ya?” Pero no amigos, eso se acabó. Ahora lo mismo empiezas publicando en barato y si funcionas te hacen una tapa dura.

En fin, a mí, lo que me pareció cachondo fue que editaran precisamente a Peter Harris. Estamos hablando de un tío cuya novela “El Enigma Vivaldi” se argumenta en el hallazgo de una partitura apócrifa atribuida a Vivaldi cuyas notas sonaban tan mal que la Iglesia la prohibió por temer que la hubiera compuesto el diablo. Que digo yo, que si sonaba tan mal… ¿por qué coño se la atribuyen a Vivaldi? Vale la pena leerla sólo para ver cómo resuelve eso el autor. Bueno, el estilo, ya os lo imagináis, complots eclesiásticos, persecuciones trepidantes, sectas secretas, etc. La verdad es que vende.

La segunda cosa que me ha sorprendido estos meses son los timo-bolsillo que están apareciendo. A ver, hay gente que realmente se espera a que salga en bolsillo un libro que quieren leerse porque no están para fundirse veinte euros en cada título interesante. Y ante esa necesidad, lo que están haciendo algunas editoriales es tocarnos los cojones con “bolsillos de lujo” caros de narices. Ejemplos: “Todo bajo el cielo”, de Matilde Asensi, editado por Booket: 14,50. “La Pasión India”, de Javier Moro, de nuevo en Booket: 14,50. “La Catedral del Mar”, largamente esperada: 11,95, editado por DeBolsillo. ¿Dónde fueron aquellos libros de siete euros?

Y entonces Planeta lanzó el bombazo: ¡Carlos Ruíz Zafón ha acabado su nueva novela! ¡La lanzaremos en Abril para arrasar en todas las ferias del libro! Muchos lectores se frotaban las manos, no sólo por el nuevo libro, sino porque al fin, después de ocho jodidos años seguramente sacarían “La sombra del viento” en bolsillo. Que ya tocaba, ¿eh? Que la edición más barata era un trade de 14,50 que pululaba desde el 2006.

Bueno, los lectores tenían razón. Hubo una edición en bolsillo que salió a la venta más o menos cuando lo hizo la nueva novela, el 17 de Abril. La editó, por supuesto, Booket, y vale… 14,50. Un bolsillo grande, de lujo, que incorpora un CD de música que ya usaron en su momento. Dos mil y pico pelas por un libro de bolsillo.

¿Los tienen cuadraos o no los tienen cuadraos?

En fin, me cabreé tanto que casi me decidí a hacerles boicot este Sant Jordi. Mi malévolo plan consistía en quitarle la cubierta a La Sombra del Viento y ponérsela por encima a la tremenda apuesta de Abril de la impagable Ediciones B: “Lo que el viento se llevó”, de Margaret Mitchell, y sus dos secuelas cutres: “Scarlett O’Hara” y “Rhett Buttler”. Y no es broma. Esa fue su apuesta. En serio.

Pero al final todo quedó en agua de borrajas porque me bebí un café con sal de buena mañana y…

Hasta la próxima. Cuidaos.

 

 

Cuadernillo junio

Cuadernillo junio

Como sabréis, ya está en marcha el cuadernillo de junio 2008. Dedicado en esta ocasión a la ciencia-ficción, esperemos que vea la luz en breve.

Por qué escribir (Por Javier Cercas)

Este artículo fue publicado en El Semanal de El País.

Yo lo leí en la consulta del dentista y me gustó tanto que arranqué la página para llevármela...

No... no creáis... no me da mucha vergüenza.

Aunque espero que mi dentista no lea este blog...

O que sí y que no me haga esperar tanto rato en la sala de espera.

Ojalá que lo disfrutéis tanto como yo.

Saludos.

Pablo.

 

Por qué escribir

(Por Javier Cercas)

 

No hay ni un solo escritor en el mundo al que no le hayan hecho cien veces esta pregunta. Los escritores contestamos como podemos: unos, con una solemnidad embustera (valga la redundancia); otros, con un chiste laboriosamente excéntrico; otros, con lo que han contestado otros escritores; otros, mirando a quien formula la pregunta como si fuera el tipo más imbécil de la OTAN y murmurando con gesto de asco que la pregunta no es pertinente (cuando la triste verdad es que no se le puede hacer a un escritor una pregunta más pertinente que ésa); la mayoría, me temo, mintiendo como perros. Me avergüenza confesar que hasta hoy he incurrido en todas esas infamias, pero sobre todo en la última; me enorgullece proclamar que eso se ha acabado: en este mismísimo momento, gracias a la gentileza inaudita de este periódico, que me paga religiosamente cada mes por escribir tonterías, me dispongo a decir la verdad, toda la verdad y etcétera. Con todas sus consecuencias. Pero atiendan bien, porque es la última vez que la digo.

 

Escribo porque me encanta que me pregunten por qué escribo. Escribo porque me aburro y porque si no escribiera me aburriría muchísimo más. Escribo porque escribir no sirve absolutamente para nada y sin embargo mientras escribo tengo la absoluta seguridad de que sirve absolutamente para todo. Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo para leer mejor y también para dejar de vez en cuando de leer; porque el mucho leer embota (esto último lo dijo Nietzsche, que escribía pensamientos paseados). Escribo para escribir algún día un libro paseado. Escribo porque a los ocho años leí Pimpinela escarlata y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar plagiar esa novela. Escribo porque a los 15 años yo era un salido y un día otro salido que además era un cabrón me dijo que escribiendo se ligaba, y cuando descubrí que me había engañado ya era demasiado tarde para quitarme el vicio. Escribo porque a los 15 años yo tenía una profesora radiante: un día la interrumpí en clase al grito de que estaba buenísima y ella, que estaba explicando a Borges, me expulsó de clase y yo me impuse como penitencia la lectura de las obras completas de Borges, cosa que todavía no he terminado de hacer y que no creo que termine de hacer nunca, porque en realidad es imposible. De más está decir que escribo porque a partir de los 15 años no me ha pasado absolutamente nada que tenga algún interés. Escribo porque me pagan por escribir tonterías. Escribo porque todavía no he encontrado una forma más decente de ganarme la vida, Escribo (me explico) porque no sé hacer nada útil, ni siquiera atarme los cordones de los zapatos: si supiera curar a los enfermos, no escribiría; si supiera rematar en plancha un libre indirecto, créanme, no escribiría. Escribo porque sí y porque me da la gana, y a quien le parezca mal que me lo diga en la calle. Escribo para poder pensar (esto, creo, lo dijo Cabrera Infante). Escribo porque cuando escribo tengo la impresión acusadísima de que soy una persona inteligente y también de que todos los que me rodean son todavía más inteligentes que yo, sólo que ellos no se dan cuenta.

 

Escribo para que me lea mi madre, que es la única que me leía cuando no me leía nadie y que me leerá cuando ya nadie me lea (¡un abrazo, mamá!). Escribo para que me lean dos tipos que están muertos y dos o tres que todavía están vivos. Escribo para que me lea usted (¡sí, usted, el de la tercera fila, no se esconda!). Escribo porque escribo como Dios (esto, Dios me perdone, es mentira). Escribo porque no creo en Dios. Escribo porque en un mundo sin Dios, escribir, como reírse (pero esto lo dijo Kafka), es casi una obligación moral, o quizá metafísica. Escribo para llevar la contraria, pero todavía no he descubierto a quién. Escribo para entender cosas que sé que no hay manera humana de entender, con la esperanza de que ese esfuerzo fracasado por entenderlas sea ya una forma de entenderlas. Escribo porque la vida es una mierda, y los hombres, un hatajo de indeseables y de cobardes, pero cuando escribo salgo a la calle cantando canciones tirolesas y sintiéndome John Wayne y con ganas de abrazarme al primero que pasa y echarme a llorar de tristeza en su cuello. Escribo porque si no escribiera no tendría ni un solo motivo para respetarme, muy pocos para levantarme por l amañana y casi todos para convertirme en un peligrosísimo oligofrénico, de lo que se deduce que el Estado debería subvencionarme para que siguiera escribiendo. (No escribo, por cierto, para que me quieran más: la spersonas que me quieren me querrían igual si no escribiera, y las personas que no me quieren no me querrían ni aunque dejase de escribir). Escribo para joder a los que no quieren que escriba y para alegrar a los que quieren que siga escribiendo. Escribo porque, entre nosotros, escribir mola (esto, seguro, debió de decirlo alguien, probablemente un chino). Escribo por todas estas cosas y por muchísimas más. En realidad, escribo por casi todo, porque cualquier excusa es buena para escribir. A veces (Dios me perdone) he llegado incluso a escribir para hacerles creer a quienes me leen que no quiero que me pregunten nunca más por qué escribo

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Muerte en San Jorge

Muerte en San Jorge

Este miércoles me levanté a las seis. Me tomé un café que luego vomité al echarle sal en vez de azúcar (así de dormido iba). Me tomé otro café. Luego salí de casa y me planté en la plaza que hay cerca de mi librería para empezar a montar la parada. Allí me encontré con mis compañeros de librería y papelería, igual de jodidos que yo.

Por el camino me habían ofrecido ya unas siete rosas que yo decliné.

Llegó el camión del transporte con decenas de cajas de libros y tres paquetes con sucias carpas de metal y plástico que nos resguardarían del duro sol.

Montamos la primera carpa, quedó fenomenal.

Intentamos montar la segunda. No tenía instrucciones así que seguimos la lógica empleada en la primera carpa. Pero era diferente. Perdimos media hora. Al final logramos una pseudo-carpa de estabilidad dudosa.

Intentamos montar la tercera carpa. Tampoco tenía instrucciones. También era diferente. Eran las ocho y media de la mañana y aún no habíamos abierto las cajas de libros, peleados con las putas carpas. Yo sólo quería una cerveza. ¿Qué? Sí, tenemos "El Juego del Ángel", en cuanto lo saquemos de las cajas se lo doy.

Decidí que estar en la carpa era una mierda y que me necesitaban en la librería, donde está el fondo literario. Así que les dejé tirados y me fui al bar. El cuarto de tortilla me sentó mejor que a un israelita un copo de maná. El del bar me preguntó si tenía "El Juego del Ángel". Yo sólo asentí mientras masticaba tortilla y bebía café con leche. Iba a ser un día muy duro.

 

Entré en la librería y me puse a colocar el pedido urgente a toda hostia. Ya entraban los primeros clientes cuando me di cuenta de que ni siquiera habíamos encendido las luces aún.

Me pidieron tres libros especializados con título de palmo que no encontraba ni en la puñetera web del ISBN. Mientras el chico me miraba con lástima, yo me preguntaba quién podía ser tan CABRÓN como para regalar en Sant Jordi ensayos sobre microeconomía ucraniana. Al final desistió y me pidió "cualquier novelita entretenida". Yo le ofrecí "El Juego del Ángel". No eran ni las diez y media y ya había traicionado mis principios.

 

A las once y media se había agotado el libro de las narices. Llamé al enlace de la parada para que me trajera de allí un par de cajas y me dijo que se les había agotado también. Me cagué en la sota de bastos.

La mañana transcurrió en un frenesí hipnótico. Las horas avanzaban con rapidez pero al mismo tiempo parecían no discurrir nunca. Vendía a Delibes y a Capote. Vendía los últimos premios literarios. Una chica con cara alucinada me pidió la narrativa completa de Lovecraft que yo, como buen friki, tengo siempre en mi fondo. Una mujer extraña me pidió "La catedral del mal". Yo le di "La Catedral del Mar", pero no se fue convencida. Un chaval de unos diecisiete años me pidió "Miedo y Asco en Las Vegas", de Hunter Thompson. Se lo di en mano, diciéndole que era genial, y él sonrió aturdido. Me di cuenta de que su cerebro debía estar ya destruido por las drogas y que, efectivamente, el libro le venía como anillo al dedo. Sin duda, Dios ha creado a un lector adecuado para cada novela.

Llegaron cinco cajas de "El Juego del Ángel" que duraron hasta mediodía, cuando yo renuncié y me fui a comer con el primer turno, casi todos personal de la sección de papelería. La camarera perdió la nota. Cuando al fin llegó el primer plato entrcute; en el restaurante mi jefe y pidió una botella de cava. No eran ni las tres de la tarde y el tío ya iba camino de coger un cebollón.

Debo contaros algo sobre mí: soy muy junto de muslos. Así que cuando salí del restaurante descubrí con horror que iba rozado. Llegué a la librería andando como Lucky Luck tras caerse por un barranco. Y como mi calzado era una mierda, también iba medio cojo. Súmale la barba de toda la semana y parecía un monstruo surgido de las profundidades de la tierra.

Llegué a la librería y se fueron a comer los del segundo turno, que debido a una magnífica organización eran todos de librería. Me quedé sólo. Y entonces vi a mi jefe entrar con las mejillas sonrosadas, coger su chaqueta, e irse. Sentí el horror subir por mi espina dorsal. ¿A dónde iba? ¿A DÓNDE IBA? ¡VUELVE! Pero ya se había ido. En moto y con una botella de cava en el cuerpo como mínimo.

Por supuesto, las cajas se jodieron. Y las impresoras se atascaron. Así que una de las cajeras atendía a clientes exigentes mientras yo arreglaba ordenadores a puñetazos. No me preocupé por la cajera: ella sabía de sobras dónde estaba "El Juego del Ángel".

Luego vinieron unos tíos del AMPA de no sé qué colegio. Siempre he pensado que debería escribirse HAMPA. Y tener de presidente honorífico a Mario Puzo. Me jodieron bien, querían no sé qué apaño en el precio de los libros para poder venderlos ellos como si fueran incunables. Al final, volvieron los demás y yo pude regresar con mis libros.

 

Hacia las seis de la tarde vino el enlace de la parada con una nota. Quería el libro que figuraba en esa nota. En ella había escrito algo así como un churro arabesco del todo indescifrable. ¿Qué es esto? No lo sé, me dijo. Yo maldije a los dioses. Llamé por teléfono a la que había escrito la nota. No lo cogía. Nadie lo cogía. Al final decidí salir yo mismo de la tienda, ir a la parada, descifrar la nota, rapiñar títulos que me faltaran en la librería, y volver con mi trofeo. Tardé una hora en salir de la tienda. En serio. De seis a siete. Era imposible. Clientes furibundos aparecían de detrás de las estanterías para exigirme títulos. "Por favor, es sólo una pregunta". ¡Grave error del librero, el atender a esa pregunta! Invariablemente, esa "sólo una pregunta" era "¿Qué me recomiendas?".

Huí. Llegué a la parada y vi tres cajas de "El Juego del Ángel". ¿Qué hace esto aquí? pregunté a mi enlace. Él dijo: no sé, están desde esta mañana. ¿No me habías dicho que no quedaban? Él se encogió de hombros con una sonrisa y yo me cagué en el rey de oros. Le obligué a cargar con las tres cajas hasta la librería. Y lo logró, el tío. No sé cómo.

 

Volví y mi jefe se volvía a marchar. Yo ni siquiera le había visto volver, pero ahí estaba, con las mejillas más rojillas que un paquete de Marlboro, subiendo a su moto. ¡Esto va viento en popa! me gritó mientras desaparecía tras la esquina.

 

Las últimas dos horas las pasé en un remolino de títulos, polvo, libros y escozor de muslos. Me pedían "El Juego del Viento" y "La Sombra del Ángel". Me pedían "Las malévolas", de Littell. De verdad. Yo no sé qué extraña asociación de ideas debió hacer ese cliente para renombrar así un título como "Las benévolas".

Vendimos muchísimos libros. Malos y buenos. Clientes con pinta intelectual compraban bazofia y cholos con anillos de sello de oro me pedían las obras completas de Conrad. No se puede juzgar un libro por las tapas, y nunca mejor dicho.

Al final, cerramos la tienda y nos fuimos todos a la parada a desmontar las carpas y encajar los libros sobrantes. Pero el transportista llamó diciendo que se había perdido. Tomamos una cerveza para hacer tiempo mientras las piernas nos daban calambrazos. Llamó de nuevo el del camión. Se había vuelto a perder. Yo no necesitaba ni beber mi cerveza: se infiltraba en mi cuerpo por osmosis. Como si echaras en un vaso de leche una magdalena de hace un mes. Succión total.

Llegué a casa a las once. Cuando me metí en la cama no me dormí: entré en coma. Luego me desperté y pensé: tengo que escribir algo para el blog de la Molineta.

 

Ha pasado otro Sant Jordi. Exhaustos pero satisfechos, los libreros reflexionamos: una vez más, el país entero se ha creído la trola de que en España se lee. Y esto es sólo un prólogo: aún quedan muchísimas Ferias del Libro. Pero yo sé que a muchos les gustará el libro que les hemos aconsejado y, quizá, comprarán otro. O no. Aunque es bonito pensarlo.

Entretanto, hemos decidido exigir a Recursos Humanos que establezcan un nuevo tipo de baja laboral: La "Baja por Sant Jordi". A ver si cuela.

Cuidaos, amigos.

 

 

Se acerca El Día del Libro

Se acerca El Día del Libro

Hola amigos. Después de desentumecer los músculos atrofiados por la inactividad de febrero, al fin empiezan a llegar más novedades editoriales. La Feria del Libro se acerca peligrosamente y es el “ahora o nunca” de las editoriales. Buena parte de sus ganancias anuales van a depender de la pasta que se saquen en abril entre Sant Jordi y Ferias del Libro. Y supongo que también algún puesto de trabajo dependerá de ello. Seguro que en Ediciones B despiden a alguien. Como todo lo hacen MAL… Pero ese es otro asunto.

            Hoy de lo que quiero hablaros es del Marketing, y de los trucos baratos que usan las editoriales para convertir auténticas mierdas en libros del mes, o para condenar al ostracismo obras muy aceptables por haber diseñado una portada horrenda.

            El otro día me pasó algo curioso. Existe una novela que el año pasado sorprendió a propios y extraños al convertirse en un best-seller sin haber invertido demasiado en publicidad, y siendo además un tocho de mil páginas. Se llamaba El Quinto Día, estaba escrita por un alemán de nombre impronunciable, y era un thriller científico que, dejando de lado las típicas memeces sobre si “es una reflexión sobre la contaminación y el medio ambiente” y demás lecturas profundas, prometía mucho entretenimiento. Y lo da. Es una muy buena novela que recomiendo a todo el mundo, no es que la pluma sea sublime, pero la historia es muy entretenida, con personajes creíbles, y que realmente consigue engancharte. Y lo más importante: no le toma el pelo al lector. En fin, yo me he hartado de recomendarla, pero ni siquiera me hacía falta, el libro ya iba saliendo sólo, en parte por la fama que iba cobrando, y en parte por una excelente portada que podéis ver en la cabecera.

Pues bien. Ayer, mirándome las novedades, me encuentro con la novela Materia Extraña, cuya portada figura al lado en la ilustración superior.

            ¿Soy el único que piensa que esto es un intento descaradísimo de aumentar las ventas cogiendo las ideas de otro? Ya no hablamos de la moda de Portadas Negras Serias/Siniestras que sufrimos últimamente (a bote pronto recuerdo La Carretera, de Cormac McCarthy y Elegía, de Philip Roth) sino que el signo nuclear aquí es teñido de un azul marino sospechosamente parecido al ojo fijo de El Quinto Día. Pero eso no es lo jodido. Lo jodido es que funciona. Mal colocado en mi librería, ya he vendido tres en lo que va de semana (y es una semana malísima) mientras que El Amigo de Kafka se ha pasado todas las navidades en una mesa junto a Ernest Hemingway y Lovecraft y sólo le di salida cuando lo recomendaba yo de viva voz. ¿Por qué? Porque El Amigo de Kafka es un muy buen libro de relatos con una portada que es para coger al diseñador y prenderle fuego.

            No comulgo con la idea (tan extendida entre escritores frustrados) de que hoy en día sólo se vende mierda comercial y nuestras maravillosas obras se ven obligadas a comer polvo en un cajón. Hay mucha buena literatura publicándose por ahí, en editoriales pequeñas y en editoriales enormes… pero sí es cierto que el volumen de chorradas que se llegan a publicar y a VENDER a base de buenas portadas y grandes campañas de marketing es para plantearse qué carajo estamos haciendo todos, lectores, escritores, libreros. A mí me irrita vender esto en vez de cosas que considero geniales, pero oye… ¡hay que reconocer que a veces nos dejan personajes tan malos que son hasta buenos!

            El caso es que estamos en Marzo y cada día me empiezan a llegar más y más novedades. Tengo miedo. Podrían reeditar la Ciudad Sin Tiempo, que más vale malo conocido…

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